BIENVENIDOS

BIENVENIDOS.

DISFRUTEN DE ESTA HUMILDE PAGINA LOS QUE PUEDAN HACERLO, LOS QUE NO, GRACIAS POR HABERSE TOMADO LA MOLESTIA DE HABER ENTRADO
TODOS, LOS QUE PUEDAN Y LOS QUE NO, SEAN FELICES, SEAN LOCOS, DESINHIBIDOS, NO SE REPRIMAN, SEAN AMABLES CON LAS DAMAS
VAYAN SIEMPRE DE CARA AL VIENTO
VIVAN CON EL CORAZON EN LA MANO.
DECIA DON JOSE DE SAN MARTIN: "SEAMOS LIBRES, QUE LO DEMAS NO IMPORTA NADA."

miércoles, 22 de abril de 2015

ENROLADO - POESIA

Como te explico esto que siento 
Esta gloria que aparece de a ratos, esta rendición aparente 
Que veo tu espalda y tus manos suaves
Que afiebrado de ansiedades de verte 
Completitudes, abismos, cielos ardientes 

Que es un constante vaivén 
Que el corazón pendula por  rayos de sol y por borrascas 
Y un no saber que hacer cuando te asoman las lagrimas 
Esa cosa que queda debajo de la alfombra 
Como te explico lo que te puedo llegar a querer

Solo me represento estar ahi
Hacerle frente a los fantasmas 
Que vean solo luz, que vean que acá no pueden
Qué alumbra un sol completo 
Que para los dos,  cambio la historia 

jueves, 26 de marzo de 2015

TARDECITA - RELATO

A las seis de la tarde la avenida 9 de julio a la altura de Rivadavia cambia de forma, o de rumbo. Ahí se dividen y ven las caras los que van escapando para sus casas en el sur y los que van escapando para sus casas en el norte. No cuento a los demás, en mi idea mental de enfrentamiento caben solo el sur y el norte, no conceptualizo al oeste, soy un tipo de extremos y el oeste me da la sensación de continente, el sur y el norte en cambio son conceptos extremos, de latitud, será que al este no hay nada mas que agua, quizá, y así para mi el oeste no tiene peso específico, es lo que no es ni sur ni norte. Los puntos fuertes son el sur y el norte, Yo voy a Palermo, que es el norte entonces, y punto.
El trafico va bastante lento, más aún luego de la Plaza de la República hasta Libertador, y sigue igual de lento por Libertador y luego Figueroa Alcorta, veo la facultad de derecho que tantas tardes y noches me vio pasar y abrigo en sus escalinatas a mi viejo y querido Renault 4s que mi abuelo me regalo cuando dejo de manejar y con el que hube de llevar a la madre de mi hijo al registro civil y que trajo a mi hijo recién nacido desde la clínica hasta mi casa.
Veo la vieja ATC ahora canal 7 o Televisión Pública con gigantografias progres donde antes había otras que no lo eran. Llego a la Avenida Sarmiento y llego a Plaza Italia y llego a Palermo, que se abre como una flor, siempre es lindo llegar a Palermo.
A esta hora veo a todo el mundo saliendo para sus casas, todas las personas ensardinandose en esas baguets de metal con ruedas, personas con caras que lo dicen todo, todo lo solas que están, todo lo vencidas que están, lo cansadas que están, y uno que por estar arriba de un auto parece que ve todo de afuera y no se da cuenta que esta en el mismo río, aunque sea en una burbuja acondicionada. Ese circo del que uno y la otra gente forma parte nos vende ilusiones de felicidad en forma de teléfonos celulares o gaseosas nuevas o vinos con gusto a fruta o profilácticos con sabor a frutilla o a chocolate, y la gente, y uno también, compra esa cultura del envase y del packaging y por unos segundos, cree que eso es o se parece a la felicidad. Y lo que ese circo fabrica no son justamente felicidades, ese circo fabrica soledades. Y hay miles y millones de soledades dispersas o amontonadas en ese río. La gente habla poco, hay rutina, gestos adustos, rictus de actitudes correctas, sonrisas de plástico. La sociedad esta jodida, y cubierta por un manto gris.Y uno piensa que en esta selva van a vivir sus hijos y desea con todas sus fuerzas que puedan superar este gris y que llenen sus vidas de colores.
Las luces se van encendiendo, llego al viaducto Carranza y busco donde estacionar. Una amiga entrañable vive a unas diez o doce cuadras y hace un mes que por una boludez u otra no logramos juntarnos a charlar ni a las diez de la noche, parece mentira.
El curso al que voy dura tres horas todos los miércoles y se trata de sesenta o setenta desconocidos buscando una veta para mejorar las relaciones humanas, y ninguna relación existe ni se entabla en ese ámbito, nadie sabe el nombre de nadie, a que se dedica, que piensa, somos solo eso, desconocidos, soledades. Todos en sus munditos individuales, solitarios, inaccesibles de modo tal que el de al lado no lo vea a uno permeable, débil, humano. Una mierda de sociedad, en la cual solo las sonrisas y los amores pueden salvarnos, donde hay que estar serios porque esta bien por mandato, y es justo al revés como se está bien. Porque lo que nos rescata como seres divinos son las sonrisas y los amores y no otra cosa. 
A cuanto cotiza en esta selva barata del sálvese quien pueda un plato de comida caliente hecho con amor por unas manos de mujer ? A cuanto cotizan tus besos y tu vientre blando y tus muslos blancos ? 
Me ha tocado ganar muchas veces, y muchas perder, y en algunas perder por goleada, y solo puedo afirmar con certeza que en soledad no se salva nadie. Eso es una verdad absoluta, y al recordar esto me vinieron las caras y las sonrisas de mis hijos, y vos y tus ojos para disipar las niebla que la sociedad nos y me tira encima.
Me había pedido un café en la vereda del bar de siempre, y me lo tome viendo como el viaducto escupía autos y colectivos abarrotados de gente hacia Belgrano. Ahora junto mis cosas y me voy a escuchar tres horas a una mujer inteligente y simpática en su pelea contra los molinos de viento, de esos vientos de smog, de soledades y de relaciones profilácticas y de sálvese quien pueda, que soplan para que no se salve nadie.
Miro la hora, se me hace tarde, saludo al muchacho del bar  y le dejo el dinero del café, mas el diez de propina, como siempre.
Y me voy, solo, me voy.

martes, 17 de marzo de 2015

EMPIEZA - RELATO





El auditorio, unas sesenta personas, en un aula prolija y acondicionada, la mira. Algunos ya parecen estar preparados, otros todavia no han desacelerado de sus actividades anteriores, y terminan dialogos en voz baja por celular, alguna revision de agenda, algun mensaje
Ella esta revisando el PowerPoint de la charla. En medio de ese silencio de murmullo la sala se va llenando, cada tanto alguien asoma su cabeza por la puerta entreabierta y verificando que llego al lugar correcto saluda - con un abstracto buenas tardes - y sin esperar respuesta busca un pupitre libre. Las charlas ocasionales entre dos que no se conocen van cesando, los celulares acallan sus timbres. 
Todos están con un cuaderno en blanco y una lapicera sobre el pupitre para tomar algún apunte o anotar alguna frase, ella es conocida por esas frases. Pasaron ya unos cinco, y luego diez minutos de las 19 horas. Ella apreta un botón de la laptop y se ve en una pantalla el titulo del curso. La pantalla esta apenas torcida. Ella se levanta y va hasta la pantalla, la endereza.
Es flaca constitucional, no muy alta y algo apenas encorvada. Pantalones negros y una blusa blanca suelta, unas chatitas, un gran collar, pulseras en ambas muñecas, nariz flaca y en punta, aunque algo apenas encorvada, ojos negros, brillantes. 
La edad del alma se ve en los ojos, y en Ella se nota desde lejos. El rostro canta en los  ojos  muchos menos años de los que seguramente da fe su documento.
Pizpireta, se para, mueve los brazos. El auditorio se silencia y 60 personas de diversa edad ponen toda su atención en sus movimientos. Ella se acomoda la blusa, ya de pie. Se toca el collar con la mano izquierda y lo balancea un poco como jugando mientras sus ojos negros miran un punto fijo en la pared del fondo de la sala. De pronto deja de balancear el collar. Estira la mano derecha y hace sonar sus pulseras, no mucho, un ruido apenas. Entonces cuando es evidente que todos la están mirando, ella los mira a todos cubriendo en un paneo visual toda la sala, a la altura de  los ojos que la estan mirando. 
Da dos pasos hacia la mitad del salón, da media vuelta y queda de frente a todos. 
Vuelve a sonreír con la boca y con los ojos. 
Respira hondo...
Y comienza !!

viernes, 20 de febrero de 2015

LA TÍA CARMEN - RELATO

La sra Carmen Gonzalez Ribot era la hermana de mi abuelo Pepe. Mi abuelo se llamaba Jose, Jose González Ribot, y tenía cinco  hermanos, todos hijos de un gallego y una gallega que habían nacido  en Pontevedra allá en la península ibérica. La familia se afincó en lo que hoy es Lanus, y los hermanos eran José, Carmen, Guillermo, Dora, Elena y Oscar
Todos tuvieron hijos salvo Carmen. Por eso siempre fue para todos mas aun"tía", por no haber sido mama.
Carmen, o "la tía Carmen" se caso con Óscar Zaba Frin. Un señor del que solo escuche hablar porque ya había muerto cuando yo nací, y que consentía a Carmen en todo lo que ella quería. La tía Carmen y "Zaba" como se lo conocía a este señor, tenían una tienda en la calle Sarmiento al 1059 o 1063 de Lanús Este, una tienda muy conocida por la gente de aquella época. Tambien tenían una amplia quinta en Monte Grande, y antes que fallezca el " tío Zaba" compraron un Depto en Pinamar, un lugar que empezaba a crecer. Vivían en el inmueble de la tienda, donde hicieron una casa o en realidad dos, muy bonitas, una casa con fondo abajo y un departamento arriba, la casa que yo conocí de la tía  Carmen.
Mi familia paterna siempre fueron almaceneros, mi viejo conoció a mi vieja repartiendo barras de hielo en Monte Chingolo, mi abuela Francisca contaba que mi viejo largaba la barra muy fuerte y se rompía cuando chocaba contra la pared y ella le gritaba. Mi viejo repartía hielo y llevaba algunos papeles de una sociedad "Gonzalez Hnos y Zacagnino Soc. de Hecho" mientras estudiaba abogacía y fue junto con Oscar Zacagnino u "Oscarcito" (en realidad el Dr. Zacagnino- médico ) uno de los dos primeros profesionales que aquellos dos gallegos llamados Jose y Asunta plantaron en este suelo, a la tercera generación. La tía Carmen no estaba en dicha sociedad de los hermanos, ella estaba en otra, siempre, según he escuchado. Pero mi viejo siempre se canso de contar que la vida espartana que llevaban sus padres y los ríos y los primos todos, propia de la primera o segunda generación de inmigrantes con tesón y un poco de suerte, cambiaba cuando llegaba la tía Carmen. La tía les daba todo lo que los sobrinos querían, regalaba dulces y juguetes para todos lados. Los sobrinos,  ya grandes, tenían adoración por esa mujer ya viejita que siempre se reía y que iba gastando lo que tenía de propiedades en vivir su vida a su modo.
Mi viejo y Oscarcito la cuidaban, mi viejo le administraba los bienes, y Oscarcito hacia lo que fuera para que siga en pie. 
Me acuerdo y siempre lo pongo de ejemplo, la tía hacia mas de veinte años que había vendido la quinta de mte grande y plata no tenía mas y llamaba a mi viejo y le decía Carlitos paso a buscar plata y mi viejo no decía ni mu. Una vez le pregunte y me dijo hace como diez o quince años gasto toda la plata pero con Oscarcito la verdad le ponemos a que haga falta. No sabes Poro  ( a mi me lo decía) lo que esperábamos los regalos de la tía, las bolsas de caramelos que nos traía, y le daba a todo el mundo, yo era chico cuando reivi eso de ella y no me lo puedo olvidar cada vez que ella venia con el tío Zaba era una fiesta ( Carmen y Zaba vivían a la vuelta, todos los González y los Zacagnino 
se afincaron en seis cuadras ) y así la tía venia al estudio y se llevaba "su dinero". 
Tenía una perra, una perra cualunque, blanquita con marchitas negras, que yo le conocí cuando era chico y que llevaba a todos lados, "la Manchi",y siempre le conocí a "la Manchi", porque cuando la Manchi se murió de viejita la tía estaba volteadisima y no se de donde le consiguieron una perrita idéntica y le puso el mismo nombre y siguió teniendo a la Manchi, treinta años.
La tía cuando se puso grande tuvo una señora que vivía con ella y luego vivió contesta señora y toda su familia ( ella con la señora en el Depto y la familia de la señora en la casa grande de abajo. 
La tía siempre siguió sonriendo hasta que un día se murió. Su imagen es la de una señora viejita y chiquita muy linda que hablaba de Oscarcito, Josecito, Miguelito, Juanjito, Carlitos, Guillermito y Gerardito, todos sus sobrinos varones. Tenía un montón de sobrinas mujeres pero de ellas no hablaba.
Siendo viejita hizo un testamento a mano y un escribano le certifico la firma. Un testamento olografo, como debiera ser siempre, escrito por el testador de puño y letra. Al fallecer la tía dejo todo lo que tenía a sobrinos varones y a sus hijos. A uno le dejo dinero incluso ( que no tenía, obvio, pero que ella creía que un tenía ). 
A la familia que vivía con ella les dejo la casa grande, situación que se presto a bastante habladurías, a un sobrino dinero ( que pagaron mi viejo y Oscarcito ) a mi viejo y a Oscarcito el Depto y el local, al hijo de una sobrina que tiene una discapacidad le dejo la ma cochera. Y a mi y a mis hermanos ( "a los hijos de mi sobrino Carlos Alberto González)  el departamento de Pinamar "...porque no lo van a vender..." (eso dice su testamento) 
En Pinamar pase varias vacaciones de pibe. Luego a los 18 años, con mis amigos, y luego volví de grande y si bien es un Depto viejo y de un ambiente que puede "no pegar" en un lugar tan "cheto" y que es literalmente "asexuado" porque tiene solo dos camas marineras, es uno de mis lugares en el mundo, donde siguen estando mis viejos ( que venían varias veces por año - guante que recojo yo ) la tía Carmen, la Manchi, y el mismo balcón donde se toman los mejores mates y se comen las mejores tostadas.
Un departamento que no se presta ni se alquila, y mucho menos, muchísimo menos, se vende.